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lunes, 29 de agosto de 2011

EL CARTERO, LA FE DE VIDA Y LA BIBLIA.





     
Mike era un viejo cartero del Nueva York de comienzos del siglo XX que precisaba su fe de bautismo para jubilarse. Su mujer oraba para que encontrara su partida, mientras el recorria inutilmente todas las parroquias de la ciudad.Entre las cartas que tenia que repartir, llego una con sello de California, dirigida a Maria Zabloka. Llevo la carta a la direccion indicada, pero nadie pudo dar noticia de la interesada, que, por el nombre, juzgo debia de ser polaca. Contra toda su costumbre, guardo aquella carta, por distraccion, en la bolsa de su saco. Al encontrarla su esposa le insistio en que buscara a la Zabloka ya que la carta contenia dinero y seguramente lo necesitaba. Hizo en vano cuantas pesquisas pudo para dar con ella. Ahora el matrimonio irlandes no solo rezaba para encontrar la partida de bautismo sino tambien a la polaca.Un domingo en lugar de ir a la misa de su parroquia, fue a otra iglesia adonde nunca iba. Leyo el parroco las amonestaciones, y, con gran sorpresa oyo que la novia se apellidaba Zabloka. Enterado en la sacristia de los datos, aquella misma tarde, aunque era domingo, fue a la direccion indicada, donde, en efecto, vivia una Maria Zabloka, pero que no era la interesada... No obstante, conocia a una pobre viuda de su mismo nombre que tenia un hijo en California. Apunto la direccion y al llegar llamo a la puerta de una miserable buhardilla. Le abrio una chiquilla y pudo contemplar que ante un Crucifijo y una imagen de la Virgen Santisima, una mujer, rodeada de seis chiquillos, oraba con fervor extraordinario, rezando en su lengua y llorando. Era Maria Zabloka, la madre viuda de aquellos chiquillos, que efectivamente tenia a su hijo mayor, Estanislao, en California.La carta contenia cinco dolares. La viuda le encargo los diera a los pobres. El cartero rehuso decididamente pero la hija mayor le tradujo que su madre habia ofrecido a la Virgen dar a los pobres los primeros cinco dolares que recibiera de su hijo. «Dice mi mama que usted debe ser un buen hombre, y podra dar ese dinero a los pobres.« «Pero ¿mas pobres que ustedes?», respondio Mike con lagrimas en los ojos. No hubo mas remedio. Le obligo a tomarlos para darlos a los pobres, pues asi lo habia prometido. Llevaba dos cartas mas para la viuda, que contenían cada una veinte dolares.
Aquella tarde su mujer no le dejo en paz. El billete de cinco dolares parecia que le quemaba las manos. «Ese dinero es de los pobres -le dijo- y hay que entregarlo al momento» «Y ¿a quien?» «Pues a las Hermanitas de los pobres, tus amigas... Alli estara seguro.» Le puso el billete en la mano y, la gorra en la cabeza, y le despacho a las Hermanitas. Llego al convento y les entrego el billete. Ya se habia despedido, cuando una monja muy anciana le pidio que le buscara un libro muy antiguo como regalo de la comunidad por sus bodas de oro. Mike visito sin resultados varias librerias religiosas que frecuentaba hasta que llego a una en que le dijeron: «Usted ya sabe donde estan los libros que tratan de la Vida de Cristo, las Biblias, etc.; vaya y busque usted mismo...» Al empezar a revisar los libros viejos, lo primero que vio fue una gran Biblia. Un vaguisimo recuerdo vino a su memoria. Era la Biblia de su familia, donde su madre escribia las fechas del nacimiento de sus hijos, el dia de su bautismo y la parroquia donde habian sido bautizados. Alli estaba el..., pero no habia sido bautizado en Nueva York, sino en Hoboken... Pudo conseguir su partida de bautismo y jubilarse. La Divina Providencia, sin hacer ningun milagro, junto de manera admirable: las cartas de California, la Biblia y la fe de bautismo, para despachar dos confiadisimas oraciones, la de la buena viuda polaca y la del piadoso matrimonio irlandes.




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